miércoles, 12 de diciembre de 2007

SEGUNDO PRONUNCIAMIENTO DE CIENTÍFICOS DE LA UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY

FACULTAD DE CIENCIAS ADVIERTE QUE LA INSTALACION DE LAS PLANTAS DE CELULOSA TENDRA “UN IMPACTO” NEGATIVO SOBRE EL RIO URUGUAY.
Publicado en el Semanario Búsqueda.
Jueves 29 de junio de 2006.

La instalación de fábricas de pasta de celulosa, que las empresas Botnia y Ence instalarán en Río Negro, tendrá un “impacto muy fuerte sobre el río Uruguay” y “la mayoría de los efectos serán subletales y crónicos” para los organismos acuáticos, según las conclusiones de un estudio elaborado por un grupo de docentes de la Facultad de Ciencias aprobado por el Consejo de la casa de estudios.
Ese es el segundo pronunciamiento de científicos de la Universidad pública. En febrero, los investigadores del Area Química del Programa de desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) habían redactado una “carta abierta” en la que se pronunciaron a favor de la instalación de las plantas de celulosa. Aseguraron que “desde el punto de vista químico, no existe ninguna razón científica para pensar que los procesos a implementar contaminarán el ambiente, siempre que se cumpla con el control de las emisiones de efluentes líquidos, gaseosos, y sólidos, al que las empresas se han comprometido” (Búsqueda N° 1.344).
El documento aprobado por la Facultad de Ciencias, denominado “Síntesis de los efectos ambientales de las plantas de celulosa y del modelo forestal en Uruguay”, al que accedió Búsqueda fue elaborado por los docentes de Ciencias Daniel Panario (catedrático); Nestor Mazzeo y Gabriela Eguren de la Maestría en Ciencias Ambientales; Claudia Rodríguez y Alice Altesor del Departamento de Ecología y Ricardo Cayssials y marcel Achkr del Departamento de Geografía.
El informe fue aprobado por unanimidad el lunes 26 en el consejo luego de que fuera explicado en forma detallada por los autores del informe.
“No se trata de pincharle el globo a Fray Bentos, sino que la Universidad de la República debe brindar una visión lo más honesta posible porque lo pide la Ley Orgánica y se lo debemos al pueblo”, señaló Cayssials durante la sesión.
El decano de la Facultad, Julio Fernández, calificó el trabajo realizado por los docentes de Ciencias como “muy bueno” y “muy sólido”.
Tras una breve discusión del camino que debía seguir, los consejeros resolvieron por unanimidad que la casa de estudios debía “hacer suyo el informe” y darle “la mayor difusión posible”.
EFECTOS IMPORTANTES
“El documento afirma que aún “no existen los datos necesarios” para conocer cuál será exactamente el impacto de las plantas sobre el río Uruguay.
Sin embargo advierte que “existen numerosos estudios que analizan las respuestas de los peces y otros organismos acuáticos a la descarga de efluentes de plantas de celulosa (similares) sobre los cuerpos de agua”.
“Investigaciones de campo y de laboratorio han reportado importantes cambios en la fisiología reproductiva de los organismos acuáticos como la masculinización, retardo de la madurez sexual, alteraciones en la fecundidad y cambios en la proporción de los sexos de los embriones”, agrega el texto.
Los estudios realizados en ratones, asegura, “han demostrado efectos importantes como reducción en el peso de los testículos, decrecimiento del esperma total y movilidad de los espermatozoides, particularmente en mamíferos expuestos al consumo de agua de los efluentes”.
Aunque reconoce que la incorporación de sistemas de tratamiento de los efluentes líquidos “reduce los impactos sobre los ecosistemas acuáticos”, alerta que “han sido registradas alteraciones en el sistema hepático de poblaciones de peces en aquellas plantas con sistemas de tratamiento secundarios”.
Aun cuando se prevean tratamientos primarios y secundarios de los desechos, “la mayoría de los efectos serán subletales y crónicos” para los organismos acuáticos, prosigue el estudio. En la mayoría de los casos, agrega, “apareceran con una exposición baja y permanente de los contaminantes”.
Los docentes recomendaron que las plantas instalen sistemas de tratamiento de efluentes de nivel terciari, que “no están previstos” en los proyectos presentados por Botnia y Ence a la dirección Nacional de Medio Ambiente.
El informe explica que “la toma de agua del sistema de suministro de agua potable de la ciudad de Fray Bentos se encuentra aguas debajo de la zona de descarga proyectada” por las empresas.
Panario, catedrático de Geomorfología, fue el encargado de presentar el informe ante el Consejo de la casa de estudios.
Durante la sesión afirmó que existirá un “impacto muy fuerte sobre el río Uruguay”, sobre todo debido a la gran cantidad de fósforo y de nitrógeno que las fábricas verterán al curso de agua.
Explicó que el río Uruguay “ya no tiene fósforo y nitrógeno” y que una saturación de estos elementos generará un “disparo de la presencia de algas tóxicas y un “riesgo grave a la salud” Asimismo consideró que se compromete “el uso recreativo del río y se generará un importante aumento en los “costos de potabilización” del agua.

ENCE “sigue adelante”

El presidente Tabaré Vázquez aseguró el martes 27 que la empresa ENCE seguirá adelante con su proyecto de construir una planta de celulosa en Fray Bentos.
En declaraciones de prensa, Vázquez dijo que el presidente de ENCE, Juan Luis Arregui, le comunicó que el proyecto sigue adelante”.
“La expresión que me dejo el señor presidente de ENCE cuando me visitó la semana anterior fue que esta obra era de interés para la empresa, que iban a seguir adelante”, ratificó Vázquez.
En los últimos días representantes de la firma española salieron al cruce a informaciones de prensa que aseguraban en unos casos que ENCE no continuaba con su proyecto de pasta de celulosa en Uruguay o en otros de que se instalaría en otro punto del interior del país, y comunicó a los trabajadores que las obras se detenían hasta que se conozca el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
El presidente informó también que ENCE tiene “un proyecto” para la producción de energía eléctrica.

CARTA PÚBLICA A LOS ARQUITECTOS, ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA, UNIVERSITARIOS Y POBLACIÓN EN GENERAL DEL URUGUAY. 8-2-2006.


“La instalación de dos enormes plantas de celulosa en Fray Bentos, ENCE y BOTNIA, ésta última será la más grande del mundo, nos obliga a alertar a la población acerca de los graves peligros de contaminación de agua, tierra y aire. No en balde se las llama las “fábricas de la muerte”.

Uno de nuestros deberes como universitarios es clarificar y alertar a nuestro entorno sobre problemas que afectan a la comunidad.

La instalación de dos enormes plantas de celulosa en Fray Bentos, ENCE y BOTNIA, ésta última será la más grande del mundo, nos obliga a alertar a la población acerca de los gra- ves peligros de contaminación de agua, tierra y aire. No en balde se las llama las “fábricas de la muerte”.

Es aún mayor nuestra responsabilidad en demostrar con argumentos la peligrosidad de estas fábricas, dado que al frente del Ministerio que debería cuidar el medio ambiente están dos reconocidos arquitectos (MVOTMA).

Para emitir juicios sobre esta problemática es necesario informarse lo más posible acerca de las argumentaciones, para ello incluímos al final de esta nota, parte del abundante material escrito sobre el tema (sitios de internet).

Uno de estos materiales es una carta pública firmada por 65 biólogos y bioquímicos de nuestra Universidad de la República (UDELAR), dirigida al Presidente de la República, donde indican claramente que estas plantas contaminan mucho, a diferencia del gobierno que opina lo contrario sin fundamento. (ver: www.guayubira.org )

Para el blanqueo de la pasta de celulosa para papel, se utilizan a nivel mundial 3 componen-tes químicos que ordenados de mayor a menor contaminación son: cloro elemental, dióxido de cloro y oxígeno. Hoy en día, “TECNOLOGÍA DE PUNTA” significa utilizar oxígeno y método de circuito cerrado (Alemania) donde se recicla y no hay efluentes tóxicos.

Decir que las plantas que utilizan dióxido de cloro (Botnia y Ence) no contaminan y que utilizan “tecnología de punta” es faltar a la verdad, como lo hacen el viceministro del Mvotma, el Presidente de la República, sus ministros y parlamentarios, y los principales líderes de la oposición política.

Los efluentes de dióxido de cloro, contienen altas dosis de dioxinas y furanos, catalogados a nivel mundial como los peores tóxicos, que provocan ceguera, asfixia, enfermedades de la piel, malformaciones infantiles y 30 casos de cancer por año para el volumen de Botnia y Ence, además de liquidar la flora y fauna.

El gobierno, en lugar de reconocer a tiempo que se ha equivocado, se empecina y desata una campaña sin fundamentos, con alta dosis de “chauvinismo” que le hace mucho mal a nuestra histórica hermandad con el pueblo argentino y a la buena imagen y aprecio que se tiene en toda América Latina de los uruguayos.

Todas las plantas que existen diseminadas en el gran territorio de Argentina, juntas, producen la mitad de celulosa que la que producirán Botnia y Ence juntas.

Desde el punto de vista económico, estas dos plantas no aportan casi nada a la economía del Uruguay, se les regala territorio como “zona franca”, tienen puerto libre propio y no pagan ningún impuesto. La propia empresa Botnia reconoce que sólo empleará 300 personas en su fábrica (ver: www.metsabotnia.com), con grave peligro para la vida y salud de esos trabajadores.

Sería bueno que el gobierno no se enojara con sus críticos y que recibiera al Ing.Quím. Stolkin y a las organizaciones ecologistas como Guayubirá y Movides, entre otras, y al grupo de los bioquímicos firmantes de la carta aludida antes, que le demostrarán científicamente que estas fábricas son las más contaminantes del mundo.(ver:periódico Nueva Tribuna )

Sería bueno que el gobierno escuchara los testimonios de los pobladores de la Ría de Pontevedra (Galicia, España), que han sufrido 40 años y luchado contra las enfermedades y muerte por cáncer provocadas por la planta de Ence, similar a la que traen para acá, que tal vez sea la misma.

Es bueno saber que los países centrales derrochan 250 quilos de papel por persona y por año en promedio. Los países latinoamericanos incluido Uruguay, utilizan hoy día 25 quilos de papel por persona y por año, la décima parte. A ese despilfarro contribuirán estas dos plantas de celulosa.

Se ha dicho, el Ministro de Agricultura incluído, que se usa mucho papel con las computadoras. No es cierto, cualquiera sabe que los archivos comprimidos (pdf, disquetes,etc), diarios digitales y sitios y archivos de internet y de las computadoras, no usan papel. Se imprime cuando no hay más remedio. Esta tecnología ahorra mucho papel.

Nos preocupa que nuestra Universidad de la República se ha quedado muda acerca de este grave problema. Sería necesario y democrático discutir entre todos los uruguayos, si estamos de acuerdo en transformarnos de país productor de alimentos en país monoproduc-tor de troncos de eucaliptus y que en 30 años nuestra tierra sea un desierto de paisaje lunar.
¿O es que no hemos visto y oído en “National Geographic” y otros documentales por televisión cuáles son los efectos de estas plantas en todo el mundo, y porqué los echan de Europa? ¿Es de buenos que vienen acá? No seamos tan tontos que nos resultará caro.

¿Qué quedará del “URUGUAY NATURAL” después de instaladas estas fábricas?

Esta carta pública está abierta para aquellos que estén de acuerdo y deseen adherir con su firma en : nocel@montevideo.com.uy

Saludan solidariamente: Arq. Roberto Sasiaín, Lic. Cristina Carrera, Arq. Raúl Rodríguez

Algunos documentos: www.guayubira.org.uy , www.metsabotnia.com ,www.uruguay.indymedia.org , www.rebelion.org , www.radio36.com.uy , www.mro.nuevaradio.org para informe ing.Stolkin , www.pagina12.com.ar , www.montevideo.com.uy , www.revistagong.cl

Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Uruguay: empresa de celulosa Botnia pretende lucrar con el cambio climático

Guayubira entrega al gobierno estudio que contradice afirmaciones de empresas de celulosa


Comunicado de prensa - 18 de enero de 2006

Guayubira entrega al gobierno estudio que contradice afirmaciones de empresas de celulosa

En el día de ayer, el Grupo Guayubira hizo entrega a los ministerios de Medio Ambiente, de Ganadería, Agricultura y Pesca, de Salud Pública, de Turismo, de Relaciones Exteriores y de Industrias, de un documento hecho público en noviembre de 2005 por la conocida organización internacional WWF. Dicho documento es el "Informe de Observaciones y Recomendaciones" de la "Misión Internacional de Evaluación de WWF ante la controversia del Santuario de la Naturaleza y sitio Ramsar Carlos Anwandter y la planta de celulosa Valdivia de CELCO" (1). Dado que dicha fábrica opera con el mismo sistema de blanqueo que utilizarían las proyectadas fábricas de celulosa de Botnia y Ence en Uruguay (con dióxido de cloro, también llamado ECF por su sigla en inglés), Guayubira considera que las conclusiones de este informe constituyen un aporte muy importante para demostrar que las afirmaciones de las empresas acerca de la no contaminación de sus procesos son falsas.

Al igual que lo que ha acontecido en Uruguay, el informe dice que en Valdivia "La planta de celulosa de CELCO fue presentada en su inicio como un proyecto limpio, de bajo riesgo y no contaminante; los problemas de contaminación del aire que siguieron y el deterioro del Santuario representó un shock para la opinión pública".

Con respecto al tema de la contaminación, el informe dice que "La etapa de blanqueo es tal vez la más problemática en términos ambientales en una planta de celulosa kraft blanqueada. Se produce y se usan grandes cantidades de sustancias químicas y suele ser la única parte de la planta que genera un flujo permanente de efluentes". Tanto Botnia como Ence sostienen que el método de blanqueo que utilizarían (ECF) es de "última generación", y que no resultará en la emisión de dioxinas ni furanos.

Al respecto, el informe de WWF contradice dichas afirmaciones cuando dice que "El blanqueo ECF ha sido la metodología dominante utilizada en la industria durante los últimos 10-15 años, pero definitivamente no es una tecnología y práctica de punta o de última generación en lo que se refiere a garantizar la protección del medio ambiente. La decisión de usar blanqueo ECF en las plantas de celulosa modernas suele fundarse en conocimientos anticuados y supuestos respecto de la calidad de la pulpa, tal como fue el caso de la planta Valdivia de CELCO. De hecho, desde la introducción del blanqueo totalmente libre de cloro (TCF) a comienzos de los años noventa, los avances técnicos han permitido obtener la misma calidad y brillo de la pulpa que con blanqueo con dióxido de cloro".

El informe continúa diciendo que "En relación con la tecnología ECF, es necesario mencionar que todos los químicos blanqueadores son oxidantes poderosos y, en consecuencia, constituyen una amenaza para los trabajadores y para quienes viven cerca de la planta. Cuando se compara una gama completa de características, las sustancias químicas en base a oxígeno son menos peligrosas, en general, que el dióxido de cloro (ClO2), compuesto que puede tener efectos tóxicos crónicos y agudos, lo que incluye irritación ocular, nasal y de la garganta, tos, dificultad para respirar (posiblemente tardía), edema pulmonar, posible bronquitis crónica y asma. Todo lo anterior, junto con el cloroformo y otros sub-productos similares del blanqueo ECF, conforma el perfil de peligrosidad del dióxido de cloro".

Dado que las dos plantas proyectadas se instalarían en las cercanías de Fray Bentos (Botnia a apenas 4 kilómetros y Ence a 12) resulta muy importante saber que este informe sostiene que "Además de los peligros en el propio lugar de trabajo, el dióxido de cloro puede presentar un riesgo muy significativo para las comunidades que viven cerca de una planta. Si bien hasta hace poco las empresas de celulosa sostenían que esta parte del proceso no generaba dioxinas, estudios recientes encontraron dioxinas en residuos provenientes de la producción de dióxido de cloro en tres plantas de celulosa en Suecia".

Al igual que lo que acontece actualmente en Uruguay, "Durante más de 10 años, las empresas de celulosa han sostenido que no es posible encontrar dioxinas en el proceso ECF, debido al perfeccionamiento de los métodos y procesos de blanqueo. Sin embargo, un estudio reciente publicado en junio de 2005 muestra aumentos en la concentración de dioxinas en las cercanías de plantas de celulosa con tecnología ECF entre1979 y 2000 en el Mar Báltico. Según el grupo de investigación, los indicadores apuntan a una contaminación continua más que a filtraciones desde los sedimentos, lo que fue una hipótesis común. El estudio vincula los mayores niveles de dioxinas al blanqueo con dióxido de cloro como una fuente posible. Los resultados de ese estudio han remecido a la industria en su conjunto y el Organismo encargado de la Protección Ambiental de Suecia y la industria forestal del país han encargado un nuevo programa de investigaciones al respecto". Sin embargo, no le han "remecido" ni un pelo a Botnia o Ence, que continúan asegurando que su sistema ECF es "limpio" y que no genera dioxinas.

También en Finlandia el blanqueo ECF está siendo cuestionado. Al respecto, el informe menciona que "La industria de la celulosa europea está muy interesada en las investigaciones en torno al blanqueo catalítico con gas de oxígeno que se llevan a cabo en la Universidad Técnica de Helsinki. Según el investigador Tuula Lehtimaa, la industria está enfrentando presiones para cambiarse al blanqueo TCF. En este sentido, el blanqueo catalítico con gases de oxígeno ofrecería las ventajas de la tecnología TCF tradicional, al tiempo que sería incluso más eficiente en función de los costos que el ECF". Sin embargo, ningún funcionario de Botnia parece haberse enterado de dichas investigaciones, que están siendo llevadas a cabo en la capital de su propio país.

A lo anterior se suma la opinión de un conjunto de biólogos y bioquímicos egresados de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, que en agosto de 2005 hicieron pública una "Carta abierta al gobierno nacional" (2). En la misma expresaban su "rotundo rechazo a la instalación de más plantas de celulosa en territorio nacional", asegurando "que sí habrá contaminación con la instalación de plantas de celulosa que ENCE y Botnia quieren emprender en nuestro territorio".

El informe de WWF sobre la planta de Valdivia en Chile confirma la seriedad de los planteos del conjunto de académicos firmantes de dicha carta. Pese a las promesas de CELCO y pese a los mecanismos de control del gobierno chileno, la contaminación de la fábrica no solo existió sino que fue devastadora. El Grupo Guayubira espera que los organismos correspondientes del Estado tomarán seriamente en cuenta los hallazgos de este informe para evitar que aquí se repita un desastre similar.

(1) Ver informe completo de WWF en:
http://www.guayubira.org.uy/celulosa/informe_wwf_rio_cruces.pdf

(2) Ver Carta Abierta y firmantes en: http://www.guayubira.org.uy/celulosa/egresados.html

PLANTAS DE CELULOSA: DOCENTES Y EGRESADOS DE QUÍMICA PONEN LA DISCUSIÓN EN TÉRMINOS ADECUADOS



“Desde el punto de vista químico no existe ninguna razón científica para pensar que los procesos a implementar contaminarán el ambiente, siempre que se cumpla con el control de las emisiones de efluentes líquidos, gaseosos y sólidos, al que las empresas se han comprometido”, sostienen docentes y egresados de la Facultad de Química de la Universidad de la República.

En una “Carta abierta a la sociedad uruguaya”, documento elaborado y firmado por destacados docentes y profesionales de la Facultad de Química, de la Universidad de la República de nuestro país, los técnicos uruguayos expresan su convencimiento de que las plantas de celulosa a instalarse contaminarán dependiendo “exclusivamente del control que se realicen sobre las actividades potencialmente contaminantes”.

La carta clarifica los aspectos técnicos, dando cuenta además de aspectos contaminantes a los cuales nos enfrentamos diariamente en las ciudades, señalando que “la obtención de celulosa no es necesariamente un proceso contaminante”.

Los expertos destacan que “no es cierto que la tecnología que será intalada en Uruguay haya sido desechada por la Unión Europea”; así como que “no es cierto que a partir de 2007 no se permitirán industrias con proceso ECF en la Unión Europea, sino que las que no se permitirán serán plantas que usen el proceso de cloro elemental, como las que hoy existen en Argentina”; se expresa que “no es cierto que se arrojarán al río Uruguay contaminantes orgánicos clorados bioacumulables en cantidades significativas”; asimismo subrayan que “las empresas se han comprometido a que sólo haya un aumento de un doscientosavo (1/200) de los productos clorados (AOX) que actualmente se liberan por la acción de la potabilización del agua para consumo humano en Fray Bentos con cloro”.

TEXTO DE “CARTA ABIERTA A LA SOCIEDAD URUGUAYA”

“El conflicto por las plantas de celulosa a instalarse en las inmediaciones de Fray Bentos ha crecido desmesuradamente. Los abajo firmantes, docentes de la Facultad de Química de la Universidad de la República y profesionales de la Química, queremos ayudar a poner la discusión en términos adecuados, clarificando los aspectos técnicos que no deberían ser objeto de controversia.

Como ciudadanos de este país tenemos nuestra opinión sobre todo el proceso, que no sólo abarca aspectos técnicos de Química e Ingeniería Química, sino de otras ciencias duras como la Biología, las Ciencias de la Tierra o la Agronomía. Los técnicos en esas materias podrán opinar con conocimiento de causa y estudiar el impacto del monocultivo forestal, el eventual desecamiento o la contaminación de las napas freáticas, para determinar que hay de mito o realidad. Los estudios científicos del impacto sobre la flora y la fauna, de la absorción de contaminantes por los suelos, etcétera, deberán ser llevados adelante por colegas de varias ramas. Aspectos como los eventuales fenómenos migratorios, la afectación forestal de tierras que podrían tener otros destinos, la sustitución productiva, el impacto en el turismo regional tienen que ver con la Sociología y la Economía. Estos problemas, junto con los aspectos políticos, históricos y diplomáticos, son argumentables y sobre ellos es difícil tener datos concretos, apenas contamos con opiniones. Sobre estos temas nuestra opinión tiene el mismo valor que la de cualquier ciudadano informado de nuestra República. Nos limitaremos a exponer los puntos relacionados a los procesos químicos de la industria papelera que están corroborados científicamente y que entendemos que deben quedar bien claros.

Uno de los aspectos claves que se discuten acaloradamente es si las plantas contaminan o no contaminan. Se define como contaminación a la liberación en el medio ambiente de agentes físicos, químicos o biológicos, en forma y concentración tal, que tengan efectos nocivos para la salud humana, vegetal o animal. También se incluyen en esta definición a los agentes que, sin ser contaminantes, puedan sufrir transformaciones que los hagan contaminantes y también a aquéllos que, sin tener los efectos nocivos antedichos, impidan el pleno goce de las condiciones confortables de vida en el hábitat usual del ser humano. Contaminantes son, entonces, el ruido excesivo, el humo del cigarrillo, los gases de la combustión (tanto de los motores de los automóviles u ómnibus como de los asados domésticos), el uso excesivo de agentes químicos oxidantes tales como el cloro que se agrega al agua potable o el hipoclorito que se emplea para limpiar los inodoros, las bolsas y envases de plástico no degradables, los metales pesados como el cromo o el plomo provenientes de diversas industrias, la obtención de energía eléctrica por todos los métodos, las pilas y baterías usadas, cantidades excesivas de desechos orgánicos biodegradables, las computadoras viejas, los correos electrónicos no deseados, los efluentes de las cloacas y, probablemente, un porcentaje importante de los subproductos de toda actividad humana. La contaminación es inherente a la transformación del medio ambiente causada por la presencia del ser humano en números millonarios, y no puede eliminarse completamente sin retroceder a estadios muy anteriores al de la civilización actual, en que la vida era brutal, sucia y breve. Sin embargo, es posible controlar los agentes contaminantes de forma que la perturbación en el ecosistema sea lo suficientemente pequeña como para poder llegar a un nuevo equilibrio estable que no difiera sustancialmente del anterior.

La fabricación de papel requiere celulosa. La obtención de celulosa no es necesariamente un proceso contaminante. De hecho, se puede obtener papel sin tratamiento químico si se está dispuesto a no destruir la lignina, el material que acompaña siempre a la celulosa en la madera, y que le da el color amarronado al papel obtenido en forma “mecánica”. La obtención de papel blanco implica un tratamiento químico que destruya la lignina y eso sólo se puede hacer con procedimientos que, de una forma u otra, pueden afectar el medio ambiente. Un ejemplo de lo que pasa cuando no se elimina completamente la lignina se puede ver con el papel de diario, que con el paso del tiempo adquiere una tonalidad sepia. Por supuesto, podría reducirse la contaminación si se redujera al mínimo imprescindible el uso de nuevo papel blanco. Con la tecnología actual, es posible reciclar hasta 3 o 4 veces la celulosa del papel usado, pero el consumo de papel virgen aumenta en el orden de un 20 a 40% anualmente, lo que deja en evidencia que, como con muchas otras cosas, somos nosotros mismos los causantes de nuestros propios males.

El procedimiento de blanqueado de papel implica romper moléculas orgánicas complejas (ligninas). Para ello es necesario emplear sustancias químicas oxidantes que pueden ser, por ejemplo, cloro elemental, dióxido de cloro, ozono, peróxido de hidrógeno, ciertos percloratos, varias enzimas y algunos compuestos complejos de metales tales como el hierro. La destrucción de colorantes con estas metodologías es bien conocida a nivel doméstico, como saben todas las personas a las que se les “mancha” la ropa con Agua Jane, o que se aclaran el cabello con agua oxigenada. Existen dos procesos tecnológicos modernos que se emplean para producir celulosa: ECF (Libre de Cloro Elemental) y TCF (Totalmente Libre de Cloro). Ambos se definen por referencia al proceso más antiguo que empleaba cloro libre elemental y que aún hoy se emplea en un 20% de las fábricas de celulosa del mundo, incluyendo las plantas de Papel Misionero y Celulosa Puerto Piray, ambas en la provincia de Misiones (Argentina), y que descargan sus efluentes en el río Paraná. Un 75% de la celulosa producida en el mundo se obtiene por el proceso ECF, que no emplea cloro elemental sino dióxido de cloro, molécula que tiene dos átomos de oxígeno y uno de cloro y que produce sus efectos fundamentalmente por la acción del oxígeno y no del cloro. Alrededor del 5-6% de la celulosa se produce por el método TCF, que no emplea cloro en ninguna etapa del proceso y que usa sólo peróxido de hidrógeno para la destrucción de la lignina. El peróxido de hidrógeno y el dióxido de cloro producen sus efectos por un mecanismo similar, que involucra a los dos átomos de oxígeno, pero el peróxido de hidrógeno no deja residuos potencialmente contaminantes. De hecho, en los procesos ECF modernos el tratamiento con dióxido de cloro es precedido con un tratamiento con peróxido de hidrógeno, disminuyendo los requerimientos del agente clorado. Ninguna de estas dos tecnologías es necesariamente contaminante, pero ambas tienen potencial para contaminar. El método TCF tiene la desventaja de producir celulosa de fibras más cortas, y por eso el papel TCF usado puede reciclarse menos veces que el papel proveniente del método ECF. Por lo tanto, termina siendo potencialmente tan contaminante como el ECF, ya que requiere consumir más árboles para cubrir la misma demanda de papel. El proceso TCF elimina mejor la lignina que el ECF, aunque nuevas investigaciones han mejorado esto, y hoy se consigue papel casi de la misma calidad con ambos procesos, desde el punto de vista de la blancura, no de la reciclabilidad. El método TCF produce un 12% más de gases de efecto invernadero que el método ECF, requiere un 10% más de combustible fósil y requiere un 11% más de madera para producir la misma cantidad de papel. Si todas las fábricas que hoy usan el proceso ECF fueran convertidas a TCF, se calcula que se necesitaría unos 67 millones más de árboles por año para mantener la producción actual de papel. Todos estos aspectos pueden ser perfectamente resueltos con más investigación y más inversiones, y en ello se trabaja en muchos laboratorios del mundo. Pero no debe descartarse el método ECF porque use cloro, ya que no es el elemento reactivo en el proceso. La sal de cocina tiene un 60% de cloro y eso no la hace nociva. Otro limitante importante, por supuesto, es el económico. Cuesta aproximadamente US$ 724 fabricar una tonelada de pulpa TCF y US$ 690 una tonelada de pulpa ECF, lo que redunda en un papel más caro y, consecuentemente, en un menor mercado (ya que sólo alcanza a los consumidores que aceptan pagar más por un producto que consideran ecológicamente más satisfactorio). Actualmente, la mayor parte del papel TCF se vende en Alemania y el año pasado cerró sus operaciones TCF una planta sueca que lo empleaba, justamente porque el mercado alemán se contrajo mucho y ya no hay clientes dispuestos a pagar el precio de ese tipo de papel.

La mala reputación de la industria del papel (o, mejor dicho, de la producción de celulosa) es merecida. Sólo la presión social ha conseguido que la industria se mueva en una dirección adecuada y en el presente conviven dos teorías. La teoría con menos adeptos propone reducir al mínimo los eventuales daños ambientales dejando el cloro completamente de lado y empleando el método TCF. Esta alternativa es la favorecida por Greenpeace. Al mismo tiempo, se debe operar en un ciclo cerrado, de forma que los efluentes no se viertan al medio. La teoría más aceptada propone emplear la metodología ECF y combinarla con un tratamiento de los efluentes sólidos, líquidos y gaseosos, de forma que el 95% de los contaminantes potenciales nunca lleguen al medio. En las plantas ECF modernas, los desechos sólidos se queman en la caldera, lo que permite conseguir energía (incluso en exceso, que se puede vender) y recuperar gran parte de los productos químicos empleados en el proceso, lo que hace que la ecuación económica cierre. Así, la garantía de la buena operación del proceso no sólo depende de la buena fe de las industrias y de quienes las controlen, sino también del hecho de que el proceso mal desarrollado sería demasiado costoso.

La conclusión unánime en todo el mundo es que los procesos ECF y TCF tienen niveles similares de producción de posibles contaminantes, siempre que se tomen las medidas adecuadas de tratamiento de los efluentes. Ninguna de las dos metodologías produce policloro dioxinas o policloro dibenzofuranos en cantidades detectables. Esto quiere decir que producirán menos de una parte por trillón, que es el límite de detección. Por esto, no representan ningún riesgo cancerígeno ni teratogénico adicional al producido por la quema de leña, madera de monte o combustibles fósiles en las condiciones actuales. La producción total de AOX (Halogenuros Orgánicos Absorbibles) comprometida luego del tratamiento de efluentes para la planta de Botnia es de 0,05 g/tonelada, por lo que, estimando una producción de 1.000.000 toneladas anuales, nos da un valor de 1,6 mg de AOX por segundo, a diluir en un caudal mínimo del Río Uruguay de 2000 m3/s. Esto da una concentración máxima de AOX de 0,00000000008 gramos por litro en las condiciones más desfavorables de caudal del río, lo que no es una amenaza a la salud. Más aún, estos AOX no son policlorados y no contienen dioxinas. Ambos procesos están aceptados actualmente en USA, en Europa y en Australia, país que en el 2005 completó un largo proceso relacionado con la instalación de una planta similar a las que se van a instalar en Uruguay y similar a una instalada en Alemania en 2005. No es cierto que la tecnología que será instalada en el Uruguay haya sido desechada por la Unión Europea, ya que la Directiva 96/61/CE del 24 de Septiembre de 1996, relativa a la prevención y control integrado de la contaminación, acepta que ambos procesos son las mejores tecnologías disponibles, en un pie de igualdad. No es cierto que a partir de 2007 no se permitirán industrias con proceso ECF en la Unión Europea, sino que las que no se permitirán serán plantas que usen el proceso con cloro elemental (como las que hoy existen en Argentina). No es cierto que se arrojarán al río Uruguay contaminantes orgánicos clorados bioacumulables en cantidades significativas. Las empresas se han comprometido a que sólo haya un aumento de un doscientosavo (1/200) de los productos clorados (AOX) que actualmente se liberan por la acción de la potabilización del agua para consumo humano en Fray Bentos con cloro. No es cierto que no habrá tratamiento del nitrógeno y fósforo y que ellos serán liberados en el río, sino que los productos químicos que producen eutroficación serán sometidos a tratamiento biológico en barros activados, lo mismo que las sustancias químicas que consumen oxígeno (BOD y COD).

En resumen, desde el punto de vista químico, no existe ninguna razón científica para pensar que los procesos a implementar contaminarán el ambiente, siempre que se cumpla con el control de las emisiones de efluentes líquidos, gaseosos y sólidos, al que las empresas se han comprometido. Existe suficiente información química disponible públicamente en el sitio web de la Dirección Nacional de Medio Ambiente, en el propio sitio de Botnia, y en el sitio de Amigos de la Tierra (Friends of the Earth). En particular, esta organización ecologista concluye que “La complejidad del tema del papel significa que es difícil arribar a conclusiones firmes. Toda la fabricación de papel causa daño al medio ambiente y en la mayoría de los casos, los factores determinantes en el desempeño ambiental de una planta de pulpa no son el proceso, el tipo de papel o la fuente de la fibra, sino el lugar en que se ubiquen, las prácticas de la fábrica y del operador de la planta. Por lo tanto, tratar de calificar los productos de papel o las técnicas de producción en términos de cierta forma de jerarquía de desempeño ambiental, basándose únicamente en el proceso de manufactura, es extremadamente difícil”.

Finalmente, queremos enfatizar que los técnicos egresados de la Universidad de la República que han participado del estudio de impacto ambiental de las empresas nos merecen el mayor de los respetos. Desacreditar a la ligera los estudios matemáticos, físicos, químicos y biológicos realizados por estos colegas nos parece una temeridad basada en cálculos y predicciones erróneas, ignorantes o tendenciosas.

Como conclusión, queremos expresar nuevamente nuestro convencimiento de que las plantas a instalarse contaminarán o no dependiendo exclusivamente del control que se realice sobre las actividades potencialmente contaminantes. Desde este punto de vista, es necesario que las autoridades nacionales sean conscientes de los riesgos y tomen las precauciones adecuadas para que cumplan las promesas efectuadas sobre el tratamiento de efluentes y la adopción de las mejores tecnologías disponibles para todo el proceso de producción, tanto en el momento inicial como con el proceso en régimen. Sólo así se podrá asegurar que los riesgos de contaminación, que efectivamente existen, puedan minimizarse de forma responsable. Nosotros confiamos en que las empresas mantendrán la palabra empeñada, pero más aún confiamos en que las autoridades de la República dotarán de los recursos humanos y materiales necesarios a los organismos de control correspondientes como para que el proceso sea conducido con la seriedad que el tema merece y monitoreado de la forma más exhaustiva posible.

Nos lo debemos a nosotros mismos”.


Aqui se puede acceder a la política medioambiental de Botnia

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